Joseba, tío, tenías al país entero detras de ti. Estábamos todos enganchados a la televisión sufriendo por el caluroso Julio y porque había un texano más rápido. Joseba, tío, ese era tu año, yo lo creía, porque ibas a tope con tu maillot rosa que volaba, con una maglia. Joseba, tío, estaba en el pueblo en una vieja tele pixelada en la que es dificil distinguir los dorsales pero vi como se me caía el alma mientras el texano esquivacaba una chicane movil.
Joseba, tío, era 14 de julio y en Francia todo el mundo salía a la calle a celebrar la fiesta nacional, sí tío, tenía que ser un 14 de julio cuando nos jodieran. Joseba, tío, te fuiste al suelo y contigo se fue toda España. Eras el gol fallado por Cardeñosa y la canasta de Romay que no entraba, eras la caída en Montmeló y el putt fallado en el hoyo 18. Eras la última esperanza en chiringuitos y casas cerradas a cal y canto.
Joseba, tío, te lo rompiste todo, sobre todo el corazón. Tu nombre se quedó para siempre grabado en esa curva maldita de La Rochette cuando quedaban menos de 10 kilómetros a meta. Tu nombre se quedó sin voz en los bares, enmudeció España.
Joseba, tío, hoy me he acordado de ti. Me he acordado porque he visto tu cara de dolor en la de Andy Schleck, en la etapa dos de una vuelta de tres semanas en la que es uno de los grandes favoritos. Me he acordado de ti y de Rossi. Me he acordado de ti porque todavía subíamos puertos sin casco y tú ponías el esófago encima del cuadro y le decías al texano que eras más duro que el alemán. me acordé de ti porque veía tu imagen tras el amarillo, con Mancebo y Sevilla siempre en el puerto, veía ese maillot rosa persiguiendo al amarillo, veía su mirada nerviosa cada vez que te levantabas de la bici. Me he acordado de ti, Joseba.
Me he acordado de empujarte desde mi casa, de querer estar en Mont Ventoux dándote agua o llevándote un periódico. Un periódico que diga: "Joseba amarillo". La portada del Marca a cuatro columnas. Me he acordado de ti porque me acuerdo cada vez que veo destrozadas las ilusiones de un ciclista.
Joseba, tio, hoy he visto tu cara con el maillot del Saxo Bank. Hoy he visto todas tus ilusiones tiradas por tierra otra vez. Joseba, ganarás el tour, te lo juro.
Mi techo es demasiado alto. El techo de mi habitación mide lo mismo que el de toda la casa, pero desde mi cama todo es mucho más alto. Es un simil de mi vida, todo está demasiado alto cuando me paro a descansar. Todo está demasiado lejos. A mas de de1850 kilómetros. Incluso a esa distancia el techo de mi habitación es alto, lejano y muy blanco. Y existe el miedo.
En mi cama puedo mirar el techo y pensar y olvidarme de que duermes a mi lado. Olvidarme de todas las que han dormido a mi lado y mandarte un sms aunque estes a menos de medio metro. En verdad quiero escribirle a alguien: Yo no kria enamorarme d ti. Y que nunca lo lea y se quede en enviados, como una prueba más de nada en ningún sitio. Y sonreir la última noche con dos besos y muchos pensamientos en la cabeza.
El techo se mueve cuando llego de fiesta, se mueve como tú te mueves. Como se mueven las miradas en los bares. Las copas cambiadas por oportunidades desaprovechadas, el lento caminar en la noche hacia el origen. Se mueve como los días en el calendario que avanzan lentos, calurosos. Las hojas se pegan, se marchitan, adelantan un otoño que está demasiado lejos.
Si, pienso en las mujeres que nunca tuve y desprecio a las que han compartido mis sábanas. O alomejor me desprecio a mi y por eso busco alguien que se sienta como yo. Dos Dorian Greys iguales, sin espejos, compartiendo sus cuerpo en oscuridad, bajo la atenta mirada de mi techo, blanco, sudoroso, lejano, que casi no nos ve, porque no quiere mirar, cansado de todas las veces que me quede mirando esperando a que te fueras de mi cama o a que por fin entraras en ella.
Hemos llegado a la meta y en eso consiste todo. El máximo de todo deportista es batirse a si mismo, es superarse. Creo que no hay mayor logro que llegar a la meta, que cruzar entre aplausos una linea blanca que separa el mundo real de la ficción. Cuando todo el mundo se coloca en la salida, el objetivo es el mismo, ganar, vencer, llegar el primero. Es imposible que todos lleguen primeros, incluso el primero no sabrá que llegará primero porque ha sido duro el sprint. Cuando todo va avanzando, cuando duelen las piernas, el objetivo es superarse, no rendirse, llegar al final. Es duro ir viendo caer a compañeros, retirarse, tirarse sobre el asfalto extenuados, buscando aire, respuestas o una nueva esperanza. Es ir comiéndose kilómetro a kilómetro, buscando nuevas referencias. El gran problema de ésto, es que cuando empiezas te crees el mundo de la televisión, el de que el segundo es el primero de los perdedores, el de que hay que hacer la carrera en cabeza. Es bonito pero no es real. Lo verdadero, lo que de verdad ocurre es que para llegar a la meta has de encontrar tu grupetto, debes encontrar con quien recorrer la maratoniana etapa, en quien apoyarte cuando te flaqueen las fuerzas y quien va a echarte una mano cuando pienses que es mejor poner un pie en tierra. Ellos también se alimantarán de ti y llegarán contigo a la meta con una sonrisa. Esa sonrisa del que ha cumplido su obejtivo, del que se ha superado, que al fin y al cabo es el objetivo, llegar sonriendo a una meta que estaba tan lejos cuando empezaste, que la satisfacción es inimaginable.
Hoy es la graduación de la promoción 2005 - 2010 de Periodismo de la UPSA. Son cinco años de mi vida que han sido llenados por gente a la que no conocía de nada. Es curiosa la amalgama de sensaciones que tengo en estos momentos, supongo que la tendrá todo el mundo. Es nerviosismo por la gala, por la etiqueta, por todo lo que significa una graduación. Es a la vez la alegría del que ha llegado a su destino, del viajero que ve la playa tras doce horas de viaje, de quien ha cumplido una parte del sueño por el que siempre luchó. Y a la vez es tristeza o melancolía. La gala es despedida, es decir adios, sí, adios a mucha gente que posiblemente no se vuelva a cruzar en mi vida, es decir hasta luego a quienes seguirán formando parte de mis sonrisas y es poner punto final a Salamanca. Me decía ayer Jaio que en Salamanca se entra llorando y se sale llorando. Yo no cumplí lo primero, es posible que sí lo segundo.
Hay bares en Salamanca que nunca conocerás. Lugares en los que tu simple presencia es motivo de disputa. Hay bares en Zamora en los que nunca entrarás, y otros, en los que entraste una vez y te quedaste fuera de la historia. Conozco gente que mataría por poder contar que estuvo allí, al pie del cañón, o al pie de la barra del bar sirviendo Gin Tonics sin parar. Es una forma de vida, es una trampa genial.
No sabes quién es el chico con barba descuidada que toca la guitarra a la chica que se toca el pelo, no conoces al chico que bebe Ballantines naranja mientras juega al mus y piensa en los símiles que tiene con la vida. Crees conocerlo, mucha gente lo cree, pero no es cierto. Alomejor piensas que sabes cómo actúa el chico inseguro que siempre es optimista pese a llevarse algún disgusto siempre por el mismo motivo. Luego estoy yo, al que miras sin disimular, analizas, piensas en sus puntos débiles e intestas machacar desde la puerta de un bar al que no vas a entrar.
Hay otras tantas personas en este bar que escuchan musica. Algunos la tararean, otros simplemente deciden fumar un cigarrillo para relajarse al compás de la melodía. Algunos comentan sus afinidades con el cantante del playlist o con el chico de barba descuidada que toca la guitarra. Otros leen un libro de Paul Auster y lo comentan y quieren ser como él, o quieren ser como el protagonista o quieren que Paul Auster sea el protagonista de una de sus historias.
Lo que hace todo el mundo, lea, cante, hable, fume o respire es beber. Todos beben en ese bar en el que tú nunca vas a entrar. Esto es El Floridita en Zamora y en cualquier momento Hemingway va a entrar por esa puerta por la que tú miras y entonces no te preguntes por quién doblan las campanas. Todos beben alcohol en mayor o menor bebida y este antro norteamericano de carretera no tiene una autopista en cuanto cruces esa puerta. No puedes aparcar el coche en la puerta y pedir un Whisky doble a la camarera. Tampoco hay camarera.
En este bar de Zamora en el que tú nunca vas a entrar hay una chica sentada en una silla que está cerca del baño. Por ahí tienen que pasar tarde o temprano todos los chicos del bar y fijarse en ella. Se fijarán en sus curvas cada vez más pronunciadas, cada vez más grasientas. Se fijaran en su lapiz de labios color rojo pasión, color rojo puta. Se fijarán en el maquillaje, en un escote mayor que alguna de las cordilleras del país, y una falda tan corta como la noche. Tú no la verás porque no se ve desde fuera. La conoces y la has probado. Casi todo el mundo la ha probado. Yo no.
Uno de los parroquianos saca la Visa Oro y se va al baño con la chica. Ella no tiene para pasar la tarjeta. Él tiene coca para pasar la tarjeta. Luego follarán en el baño. Luego lo oiremos el resto desde el bar, mientras suena Rosendo Mercado que también oye el ruido del baño. Yo no tengo una tarjeta porque no tengo dinero. Y el que tengo me lo gasto en beber alcohol y observar el bar y reír con el chico inseguro o con cualquier otro y escuchar la música y los gemidos, y soñar.
Tú te cansas de mirar desde la puerta, de tramar una venganza que nunca llega, de observar, y te dedicas a vivir tu vida, a salir afuera y ver la luz del sol más perpendicular que nunca cayendo sobre un punto concreto de la Plaza Mayor dónde ves el pasado y el futuro. Yo sigo en el bar, haciendo llamadas de móvil, esperando a Hemingway o a otra persona que me saque de la mano y me lleve a la sierra de Madrid, a el Tibidabo o simplemente a un punto de la Plaza Mayor dónde el sol caiga tan perpendicular que bajo mis Ray-Ban ya no se puedan ver más lágrimas.
Me dan miedo las terrazas desde que te conocí. Me da miedo pasar, salir a la calle si no es contigo. me das miedo tú. Es el eterno ni contigo ni sin ti. Y ahora me escondo de los monstruos que viven en mi calle, en el tercer banco según subes hacia el centro. Tengo miedo de los monstruos porque nadie los mata por mí.
Quiero regalarte una espada de Damocles para que salgas con ella a la calle y de paso yo escapar por la autopista hasta la ciudad del viento. Si, dicen que allí tenías un cartel con tu nombre. Lo tenías. Tenías tantas cosas y yo tenía tanto que darte. Salgo de casa con una camiseta de los Beatles para poder cruzar pasos de peatones y el sol le hace daño a mis Ray-Ban. Cruzo la calle por el paso de peatones, primero John Lennon, luego yo. Paso al lado del primer paso de cebra y ya no se sienta nadie. Me he sentado a menudo allí a esperar a que saliera la luna y vocearle: ¡PUTA! Y así poderme ir a la cama. Es un banco de madera gastado, con inscripciones de adolescentes:
Cristina x Marcos
Marta x Javi 08 -11- 07
Visca el barça
este es mi sitio y esta es mi espina
696765730
Nunca he escrito en un banco porque nunca he tenido tiempo libre sentado en un banco. Ahora lo tengo pero no se me ocurre nada que siga con el mismo sistema ideológico del banco.
Sigo caminando por la sombra. Las gafas de sol han pasado de ser un elemento de salud a ser un complemento. Las Ray-Ban no, siempre fueron un complemento. Llego sin mirar al tercer banco y ahí estan dos monstruos hiperdesarrollados. Juntos, acariciándose y besándose. Disfrutando de un verano que nunca acaba, viviendo como peces de colores, como peces en una pecera con castillo submarino. Dos monstruos que nadie mata por mí, que me toca rodear y esquivar. Monstruos de la memoria que me perturban y me miran y yo no los quiero mirar pero los veo y pienso y corro y se me acelera el corazón. Y entonces paro y estoy muy lejos, tan lejos que te busco con la mirada pero no estás. No hay nadie, como si hubiera corrido hasta desgastar las suelas de las zapatillas. Como si estuviera fuera de la ciudad, en medio de la nada, acercándome a otro lugar que no veo. Y mientras expulso el aire frío, congelado, e lo más profundo de los pulmones, se hacia dónde debo caminar aunque no vea horizonte.
Y allí dónde voy a hay una terraza con 5 mesas y 20 sillas. Hay sombreros y gafas de sol, mecheros y cajetillas de tabaco. Hay gente, mucha gente. La mayoría no se parecen a mi, al menos no los conozco, no los distingo entre ellos, no quiero reconocerlos. Me miran, se ríen, sonrien, no se sorprenden y cuchichean. Son monstruos, monstruos de la memoria, como los de Goya y vuelvo a correr. A lo mejor estaba equivocado, no tenía que venir aquí, no tenía que huír hasta aquí. Pero veo por fin otro humano, un caballero, un hidalgo. ¿Serás tú quien mate monstruos para mí?
Se acaba Sin título. Tengo el poster justo delante. Al lado de Odio y del partido Zamora - Barça. Cerca un poster de Scottie Pippen y Denis Rodman. Mi primer recuerdo baloncestístico. Muchas fotos de gente importante. Muchísimas fotos. Algunas me ponen muy triste, por el recuerdo, porque ya no están, o porque están distintos. Otras personas simplemente están en otras ciudades y eso me alegra, porque recuerdo los buenos momentos. Me acuerdo de Zamora. Curioso, suena Mierda de ciudad en Spotify. Es una contradicción zamorana. El resto no lo entiende. Es muy zamorana esa frase: no lo entiendes si no eres de aquí. Curioso, pero cierto. Todo esto viene por lo que ha escrito Mario Crespo en El Viento que agita la cebada. Tengo un poco abandonados estos blogs. Como el de Clifor, pero de él hablaré en cuanto devore este fin de semana 25 centímetros.
Sín título Sín título, end of tour
El proyecto Sin título llega a su fin. Fue un corto arriesgado. Podríamos haber hecho algo más clásico (de hecho, después del verano tenemos intención de rodar algo no experimental), pero esto es lo salió en ese momento. Una experiencia. Unos meses muy bonitos. Llenos de ingenuidad. Pero, como digo, hay nuevos proyectos a la vista, y Sin tíutlo no es más que un recuerdo que produce nostalgia. Un paso del camino. Una visión peculiar...
Como la gente de mi entorno más cercano sabe, teníamos un proyecto profesional que se iba a rodar este año. Un productor ilusionado con la idea, según sus propias palabras, nos prometió el oro y el moro y luego, como siempre sucede en las películas, desapareció. Lo que no desaparece es la crisis, causante de que se viniera abajo otro de nuestros proyectos: un videoclip musical que se pospuso por falta de presupuesto.
Es cierto, en este gremio hay gente muy poco seria, pero también hay pablos, davices, rubenes, héctores, benjas, estheres... Y por ellos (más los que faltan), y porque me lo debo a mí mismo, hemos decidido resucitar "LPR Productions", aunque sea bajo otra denominación. Una vez que el problema económico parece solucionado, habrá que rezarle a Buda (o a quien sea) para que no falle nada. Si es así, volverás a tener noticias de Ele Pe R(eloaded)
Con estos festivales que cito abajo se acaba el Tour. Aún faltan fechas por salir, pero hasta ahora no hemos sido seleccionados para ningún premio. Cosa lógica y normal. Es lo de menos. Lo importante es que todo eso pasó y que eso existe, aunque sea en el recuerdo. Lo que está por venir mantiene la filosofía de siempre. Pero cambia los parámetros y avanza hacia nuevos horizontes, aunque no sepamos muy bien dónde están...
Estimado pueblo de Zamora, dormido, tranquilo, apesadumbrado y taciturno. Gris al fin y al cabo. Pueblo de obreros valientes pero obedientes, de gentes con sueños lapidados. Zamoranos, zamoranas, gentes del Duero, de la lusitania vaccea, del extinto Reino de León, de la ciudad que no se ganó en una hora, de la muralla que no protege sino que corta las alas, de la ciudad del románico, de la ciudad tranquila del romancero, la bien cercada, la de Vellido Dolfos, ciudad de Victor Gallego, Doña Urraca, Viriato, Claudio Moyano, Santiago Alba Bonifaz, Diego de Losada, Arias Gonzalo, Diego de Deza, Pablo Morillo, Claudio Rodrigez, Ramón Abrantes, Ramón Álvarez, Dehly Tejero o Baltasar Lobo, ciudad, sí, ciudad.
Estimados zamoranos, silenciosos, callados, trabajadores, puede que tristes, grises, como vuestra ciudad. Estimados zamoranos, guerreros de Viriato, uníos, esta vez, sólo esta vez, unid vuestras manos, unid vuestras almas, vuestros corazones. Unid vuestras cabezas y vuestras fuerzas. pensad a la vez, pensad para bien. Estimado pueblo de zamora, hermanos de sangre, hermanos de corazón. Luchad por Zamora, luchad por Viriato, luchad por el Duero. Luchad porque nos devuelvan lo nuestro, luchad porque vuestros hijos tengan progreso.
Hoy, 30 de mayo, y aunque pase inadvertido para la mayoría de la gente, se cumplen 20 años de la que posiblemente sea la fecha más importante en la historia reciente de Zamora: La toma del cuartel. Hoy se cumplen 20 años del día, que toda la ciudad se puse de acuerdo para luchar por su ciudad. A las armas, camaradas.
- Estas distinto, más viejo. Como si hubieran pasado años en vez de semanas, ¿entiendes?
- Es el poder, corrompe y envejece. No lo sabía hasta que me miré al espejo, me vi, bueno vi esto que tú ves, que no soy yo, o no creo ser yo.
- Tenía miedo de perderte, no me importaba que me odiaras, pero si que te fueras, que desaparecieras... y ahora, no eres tú, has desaparecido, ni siquiera tienes esa mueca tan graciosa de jugador de poker, de niño travieso. ¿Quien eres?
- No lo se, ¿acaso crees que me gusta esta situación? Ni siquiera sé dónde estoy, dónde estamos, quienes estamos. No se nada.
- ¿Crees que ser la víctima te da carta blanca para saltarte las normas?
- ¿Qué normas? ¿Quedan normas? Yo creo que sólo queda tiempo y pasado. Queda un silencio eterno.
- Quedan muchas cosas, no me jodas. Nunca te he visto tirar la toalla. Bueno, nunca te vi, ahora no sé, no eres tú.
- Ni tú eres tú. Somos dos desconocidos jugando a ser conocidos. Jugando a no jugar. ¿Te digo una cosa? Es divertido, casi siempre. Es divertido hasta que recogemos el tablero y volvemos a la realidad dónde ya no hay normas.
- ¿Y si no abandonamos la partida? No entiendo porqué te ríes, porqué sonríes, porqué no tienes miedo.
- Porque estoy muerto. Al menos metafóricamente. Cuando en la pantalla pone Game Over se puede volver a reiniciar, pero pierdes el miedo a lo conocido. Pierdes el miedo a las normas, el miedo a todo lo que no es importante. Y, creeme, ésto ya no es importante. - Si ya no es importante es que nunca lo fue.
- Lo fue y lo sabes, ahora no intentes borrar el pasado, no eres el primero que lo intenta, otros lo han hecho y han fracasado. Yo también he fracasado pero al menos sé que errores he cometido, aunque prometo no aprender de ellos.
- Sigues siendo tan humilde como siempre.
- Y tu sigues mintiendo igual de mal. Siempre quedará algo dentro de nosotros. Porque todo existió.
- Y si volviéramos atrás, ¿lo cambiarias todo?
- No cambiaría nada, lo que ha pasado, ha pasado. No se puede cambiar, no se puede olvidar, no se puede ocultar. Todo se sabe.
- Si lo sabes todo, ¿por qué finges que no lo sabes?
- ¿Yo finjo? Yo no escondo nada, sólo me limito a no meterme en ningún jardín. A no meterme en problemas.
- Entonces es que has cambiado, la persona que yo conocía se metía siempre en más problemas de los que debería. Es lo que me gustaba de él.
- No te gustaba nada de él. Ni a ti ni a nadie. Por eso he cambiado de nombre, de aspecto, de principios y de finales.
- ¿Y que queda de ti?
- Dolor, rabia, locura y tristeza. ¿De verdad quieres volver a verlo?
- ¿De verdad crees que te creo?
- Me da igual, ya no me importa eso.
- Tú también mientes fatal.
- La gente no me toma en serio, y eso me gusta. Muchos menos problemas para mi, muchos menos problemas para todos.
- Dime de verdad que ya nada es igual.
- Nada es igual.
- Dímelo de verdad.
- Nada es igual.
- Dïmelo a la cara.
- Nada es igual.
- DÍMELO MIENTRAS ME MIRAS A LOS OJOS.
- Nada es igual.
- ¿Me odias?
- Te quiero.
- No te entiendo
- Ni yo a ti, por eso estamos atrapados.
- ¿Dónde?
- No lo se. No se dónde estamos, por qué estamos, ni quienes estamos. No se nada. No quiero saber nada. En la ignorancia está la felicidad. Yo fui feliz 24 horas. Me acuerdo. Luego todo fue negro. Y me miré al espejo y no era yo.
- Me haces llorar
- También te hago reír.
- Cada vez menos.
- Es lógico. Todo cambia, todos cambian, nada es eterno, menos los silencios.
- Incluso los silencios se acaban.
- Habrá un día que no. Y no está tan lejos. No me queda nada a lo que agarrarme. ¿Por qué debería intentar romper un silencio?
- Porque sabes lo que es un silencio.
- Un silencio es una pompa de jabón que se esconde en otro mundo y no explota por vergüenza.
- Entonces tú eres una pompa de jabón.
- Yo no me he callado por vergüenza, sino por miedo.
- Si tienes miedo, dime adios y nunca habrás existido.
- Adios.
Y se fue, y no ha vuelto. Y no se sabe si el silencio será eterno o la pompa de jabón explotará en su cara, devolviéndole esa sonrisa de niña disfrazada en carnaval.
Esto es la ponti. Esto es una institución que defiende unos valores que no tiene. Un edificio tan gris que te va quitando la vida sin que te des cuenta. Al salir, síndrome de Estocolmo. Hoy se acaban cinco años de clases de preparación para el mundo laboral. Hoy es vivir juntos, morir solos. Se acabaron las clases, los abrazos, las risas y las prisas. Se pone un punto final de un texto tan extenso que es dificil mirar el inicio. Estudiante es una palabra que me ha acompañado demasiado tiempo. De todas formas dicen que nunca es demasiado. La facultad es un lugar que corta alas y pone medallas. Tiene mérito sacar algo adelante si no eres de su cuerda, siempre al otro lado, siempre contracorriente. La facultad es una de las mayores mentiras que tantas veces repetida parece convertirse en verdad. La facultad es la ESO de los periodistas. Sin embargo, la echaré de menos, porque echaré de menos a la gente. Echaré de menos a quienes se han resignado ya y a quienes siguen peleando pero se ven impotentes ante la máquina gigante que es la facultad. Echaré de menos a quienes no tienen nombre ni email pero han sido tanto o más importantes. Volveré algún día, primero a hacer exámenes y luego a dar una conferencia. Lo se, lo siento, y seré uno más en este mecanismo que hace que crezca la gran mentira. Pero yo también me he resignado. Más daño harán otros que tan sólo se labran un mejor futuro de chupatintas.
Hoy es el punto final para todos. Es un adios casi seguro, es perder el contacto de forma progresiva, es hacer borrón y cuenta nueva, es simplemente dar el salto. Es llenar un poquito más de orgullo a Juli, a Manoli, a Manuel, a Ventura, a Paco, a Pablo, a Matilla, a Basilio, a Arturo, a Vicente, a Moreno, a Asun, a Manolo y a todos esos (que me olvido a muchos y seguro que a alguno importante) que algún día pusieron una muesca más en mi revólver. Es esa sensación de alegría y tristeza que tiene el ciclista al llegar a la meta y perder. Es el haber llegado porque Imposible is nothing. Es abandonar el equipo y volver a empezar de cero, en otro lugar, con otros compañeros y con nada a tu espalda. Ya no te avala nada. Pero acaso ¿no habíamos venido para esto? Y ahora sólo puedo decir que el Tourmalet no es tan fiero como lo pintan, amigos. ¿Ascendemos una última vez?