Surreal life
4 de febrero de 2010
Sonreía. Debía ser motivo suficiente para que nada hubiera pasado. Para no llenar Zamora de un nuevo gris más oscuro.
Sabía exactamente lo que pensaba porque yo también miraba a los tejados de vez en cuando, buscando una respuesta o su figura o un reloj que atrasase el tiempo. Y dos años más tarde sigo mirando a los tejados, cada vez menos, porque cada vez quedan menos tejados pero mas puentes para cruzar ríos; y se acaban las explicaciones lógicas para la desparición de tejados y sólo se ve un cielo luminoso de noche y un claroscuro de día. Y los niños miran con ilusión al cielo y ven que es un sitio magnífico que no veían antes porque edificios grises lo tapaban para proteger los ojos inocentes, pero inocentes seguimos siéndolo y por eso nos asomamos a la ventana a buscar respuestas que no queremos conocer.
2 de febrero de 2010

En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado.
Te lo dije o me lo dijiste tú, hermano, compañero, o nos lo dijo alguien a ambos dos pero realmente lo sabíamos desde hace mucho tiempo; cuando decidimos que era mejor esperar en la ladera del Jarama a ver que pasaba y cómo transcurría la guerra porque no nos sentíamos con fuerzas de empuñar un arma otra vez.
No teníamos fuerzas de empuñar un arma, nosotros, que hemos sido guerrilleros con puñales hechos de la espalda de un arbol milenario que crecía en aquellas tierras dónde nacimos. Pero no teníamos fuerzas.
Y de repente apareció, el Che o Franco, no se quien era y dijo hemos ganado y nosotros aplaudimos y lo celebramos bajo las estrellas de la noche madrileña con un cigarrillo que llevábamos tres meses guardando y que nos limpió los pulmones de tanta pólvora y tantos años y tanta gente y tanta sangre.
No teníamos fuerzas pero avanzamos con paso seguro, de aquí a allá, entre derrotados o supuestos derrotados que se guardaban un revólver en el tobillo por si podían morir matando. Y el aire en la capital parecía limpio aunque hubiera portales con rejas dónde se guardan sentimientos y vidas y el amor de aquellas mujeres que se vieron en el frente con un Marlboro y las piernas abiertas, y el corazón, cerrado, muerto, apagado de mentiras y el dolor de no volver a ser nunca todo igual.
Y la noche estrellada y limpia que tú leías a Quevedo y yo a Góngora y se entendían y nos entendíamos y algo cambiaba y era el aire que ya no soplaba tan fuerte y no llovía y no nevaba y no mataban y empezaba la Guerra fría, pero era en otra parte del globo y por eso el cigarrillo sabía a Victoria.
29 de enero de 2010
Salinger muere contra su propia voluntad. Así titularía un diario de antaño, ajeno a que alomejor si fue voluntad de Salinger morir en el momento en el que lo hacía. Ha llenado pequeñas columnas y espacios televisivos de madrugada en los que se hablaba del guardián entre el centeno. Nadie de los que escribió eso, o redactó, o leyó, o habló, o simplemente copió había leído el guardián entre el centeno. Miraron crónicas, webs, enciclopedias y decidieron, entre todos, otorgarle a Salinger la importancia que para ellos merecía. Tuvo su minuto de fama en 2010 y a los 20 minutos lo olvidaron porque había nuevo ganador en Gran Hermano.
Hubo un instante en la vida de Salinger (supongo, yo, que tampoco he leído El Guardián entre el Centeno, y que hablo sin saber, por hablar, por rellenar, porque es gratis en este mundo hablar)en el que pensó que debería escribir este libro por el que ayer en algunos telediarios, de pasada, con desdén, y con palabras vacías, se le despdidió. Y es sólamente eso, un instante lo que recibirá de este país que se basa en instantes y estímulos por los cuales, la masa, se mueve a las librerías a comprar un libro que adorne su estantería.
13 de enero de 2010
Si me necesitas, sílbame.
Y yo me fui, caminando por el andén, sin mirar atrás, sin pensar ni siquiera en si ella se quedaba mirando hacia mi.
Necesito aprender a silbar.
12 de enero de 2010
Es imposible girar en el sentido contrario de la tierra - me dijo.
Seguro que tenía razón porque era imposible parar el tiempo.
Entonces no entiendo como vas al reves del resto de la gente - pensé, en voz alta, creo, buscando una explicación.
No creo que seas capaz de ver hacia dónde va la gente mientras me miras, tan cerca, a los ojos.
11 de enero de 2010
14% marcaba la señal a la entrada de una de las últimas curvas. La carretera arrojaba un aspecto envidiable y la serpiente multicolor era un cuentagotas inacabable de sufrimiento. La curva que mas lenta se hace es la última. Dicen que es la falta de aire en las alturas pero yo le decía al jefe de equipo que era vértigo tras más de 100 revueltas ganadas. No existe el dolor cuando has llegado tan arriba, sólo vértigo y fuerzas que salen de la nada. 18 años en la carretera dan para mucho más.
9 de enero de 2010
8 de enero de 2010
Que puta es la luna.
Y San Pedro, que se la llevó y no me comió las orejas.